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¿Cuándo caducan las cremas?

Todos hemos echado mano alguna vez a un producto cosmético que llevaba meses abierto. Con el paso del tiempo, los componentes de las cremas se van degradando. Especialmente, si entran en contacto con el exterior. A veces, esto no supone un problema para la salud, pero hay que andar con ojo por si el producto no se encuentra en óptimas condiciones para el consumo. Los periodos establecidos suelen dar un margen amplio. En el caso de los protectores solares, por ejemplo, el filtro se puede deteriorar de un año para otro.

“Hubo un caso muy sonado cuando Mercadona tuvo que retirar algunas cremas, y no porque estuvieran en mal estado o fueran malas en sí, sino porque sus componentes, mezclados, podían crear subproductos que en grandes cantidades sí podían ser perjudiciales”, recuerda Enrique Bernat, farmacéutico titular.

Según este experto, hace unos años, cada país tenía su propia regulación sobre la caducidad de los tratamientos. La Unión Europea estableció por ley una normativa para regular a las marcas y crear así un criterio común. “A partir del 11 de marzo de 2005, los cosméticos que tienen una caducidad superior a los 30 meses no tienen obligación de poner una fecha de caducidad, pero sí un consumo recomendado una vez abierto. El nombre de este etiquetado es el PAO, (Period After Opening -período después de la apertura-). Se trata del símbolo de un tarro con una M al lado seguida de un número, que indica el periodo hasta cuándo podemos utilizarlo en perfectas condiciones”, explica el propietario de la farmacia Bernat (Paseo de las Delicias, 72, 28045 Madrid. Tel. 915 27 37 48).

Hay mucha diferencia de unas marcas a otras. Generalmente, la española Germaine de Capuccini no indica la fecha de caducidad de sus productos, pues la mayoría de ellos cuentan con una vida útil mayor a 30 meses. En cambio, La Roche-Posay suele poner tanto el PAO como la fecha de caducidad. Esto equivale, necesariamente, a una mayor rotación, al hacer referencia al período durante el cual el cosmético es seguro y cumple su función, independientemente de que el envase esté abierto o cerrado.

“Más allá de la fecha de consumo recomendado no se puede asegurar el buen estado del producto, pudiendo verse alterada su composición, lo que supone que no se puede garantizar ni la eficacia ni el uso seguro”, cuenta Cristina Biurrun, Directora Científica & Asuntos Reglamentarios L’Oréal España.

Los productos que no llevan etiquetados

La Agencia del Medicamento exime de la PAO a los productos monodosis -al estar cerrados hasta su consumo-, los aerosoles -porque nunca están en contacto con el ambiente-, los productos que tienen una caducidad inferior a los 30 meses -ya llevan una fecha-, aquéllos en los que no existe riesgo de deterioro y lanutricosmética, que se rige por la normativa de los productos alimenticios.

Ésta es la teoría. “En la práctica, el usuario no suele fijarse en estas cuestiones o piensa que no pasa nada si no huele rancio, por mucho tiempo que haya pasado desde la última vez. Un cosmético es como un medicamento, y está en contacto con la piel, que es un órgano al fin y al cabo. El producto puede estar bien pero, si pierde propiedades, no funciona de la misma manera”, afirma Bernat.

No hay que alarmarse, el sector está muy controlado. Los Estados miembros supervisan el cumplimiento del Reglamento mediante controles de los productos cosméticos comercializados, así como el cumplimiento de los principios de buenas prácticas de fabricación. En España, son la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios y las autoridades sanitarias de las comunidades autónomas quienes realizan las inspecciones y controles necesarios.

“En el grupo L’Oréal, más de 400 personas nos ocupamos de vigilar que cada uno de los productos que se comercializan en cualquier lugar del mundo son conformes a la reglamentación del país correspondiente. Desde verificar la conformidad de su composición, pasando por comprobar el etiquetado y cualquier tipo de comunicación, hasta realizar una vigilancia en el mercado. Todo ello, con el objetivo de ofrecer a los consumidores una seguridad, calidad y eficacia garantizada”, asegura Biurrun.

Inmaculada Vivó, Directora Técnica de Germaine de Capuccini, añade: “Si se detecta que un producto se estropea antes de los 30 meses, se rectifica hasta conseguir que supere las pruebas de envejecimiento, que consisten en someter a un número determinado de unidades a diversas condiciones ambientales adversas que agreden al producto (elevadas temperaturas, humedad, temperatura ambiente), entre tres y seis meses, con el fin de evaluar cuál va a ser el comportamiento del producto en el mercado”.

Cómo detectar el mal estado de un cosmético

Además de las indicaciones del propio producto, el aspecto de una crema es determinante para saber si se encuenta en óptimas condiciones. A priori no podemos afirmar que unos productos tengan una vida útil menor que otros. Todo ello dependerá, principalmente, de la formulación. “Cuanto más natural sea la marca menos conservantes llevará y, en consecuencia, el tiempo de uso una vez abierto se reduce. En segundo lugar, hay que tener en cuenta el color, el aroma y el tacto. Es decir, si tiene grumos, si se ha amarilleado, oxidaciones, enranciamientos… Si el producto es oleoso esto se detecta con facilidad, porque, con la rotura de emulsiones, se separan las fases y aparece un sobrenadante, que se traduce en líquido sobre el producto”, relata Bernat.

El farmacéutico aconseja no escatimar con los protectores solares. “Yo los renovaría cada año, aunque no estén abiertos. No cuestan tanto, y los rayos UVA y UVB cada vez son más perjudiciales. El sol, aunque es necesario y aporta vitamina D, es el principal causante del envejecimiento. No tiene por qué pasar nada pero, por seguridad, no merece la pena arriesgarse, que son las cremas más importantes”. E insiste en utilizarlo en rostro tanto en verano como en invierno antes de salir a la calle.

Además de los solares, hay otro producto que este profesional desaconseja aplicar una vez pasada la fecha de consumo recomendado: los contornos de ojos.“Este tratamiento se aplica en una zona muy delicada, donde la piel es mucho más fina y puede reaccionar con facilidad, al ser muy sensible”.

Respecto a la conservación, Bernat recomienda tener los tratamientos como el botiquín: “Conservados en un lugar fresco y seco, donde no incida la luz directa.Nosotros, en la farmacia, tenemos esto en cuenta hasta a la hora de crear los escaparates. Siempre que exponemos un producto luego no lo vendemos, o tratamos de colocar sólo la caja”.

La vida útil de un lápiz de ojos o unos polvos compactos es superior a una crema o emulsión, pues la formulación de éstas es menos estable. “Con el paso del tiempo, puede producirse pérdida del perfume, alteración del color, pérdida de transparencia, etc. Estos efectos no son dañinos ni suponen riesgos para el consumidor, pero puede ocurrir que, si el producto no se conserva en las condiciones indicadas por el fabricante, existan alteraciones del pH que provocarán irritación o contaminación bacteriana, en cuyo caso existe riesgo de infección”, concluye Inmaculada Vivó.

Noticia extraída desde la web elmundo.esEnlace a noticia

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