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Los espacios verdes ‘hablan’ de la salud de los niños

Vivir cerca de espacios verdes no sólo ayuda a reducir el riesgo de obesidad e incluso mejorar el desarrollo cognitivo del niño, también podría actuar como protector contra la rinitis alérgica en determinadas áreas. Así lo apunta un estudio realizado en más de 13.000 niños de Alemania, Suecia, Holanda, Australia y Canadá y presentado durante estos días en el cuarto Congreso sobre Alergia y Asma Pediátrica (PAAM).

Se trata de la investigación “más extensa” realizada hasta la fecha y que viene a arrojar nuevos datos sobre una cuestión que plantea ciertas dudas. En trabajos previos , varios de ellos desarrolladas por el Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental de Barcelona (CREAL), se apuntaba una asociación entre vivir cerca de los parques y mayor riesgo de tener alergias.

Ahora, un grupo de expertos liderados por Elaine Fuertes, del Instituto de Epidemiología I, Centro Helmholtz de Múnich y del Centro Alemán de Investigación de Salud Ambiental, Neuherberg, Alemania, ha intentado ahondar más en este punto. Como ella misma explica, “tenemos que comprender mejor cómo interactúan las personas con sus entornos verdes, qué tipos de vegetación hay que tener más en cuenta, tanto en términos de cantidad y diversidad, y si el efecto del medio ambiente sobre la rinitis alérgica depende del tiempo de exposición en las zonas verdes”.

También depende de dónde estén ubicadas las zonas verdes. Si es en zonas rurales, puntualiza Pedro Ojeda, alergólogo y director de comunicación de la SEAIC, “el riesgo de que los niños se sensibilicen a un alérgeno es menor”. Si por el contrario se sitúa en un entorno urbano, “las probabilidades aumentan. La contaminación actúa estimulando el sistema inmunitario para favorecer la sensibilización alérgica”.

Las rinitis alérgicas, las más frecuentes

Dados los datos ofrecidos en el congreso europeo, en la actualidad, uno de cada tres niños tiene algún tipo de alergia y se prevé que esta cifra aumente de forma gradual en los próximos 10 años. Las más frecuentes son las rinitis alérgicas (la sufre casi el 50% de los niños entre 13 y 15 años), después el asma y en tercer lugar las alimentarias. Es cierto que, en general, explica Ojeda, “las alergias están incrementando, al igual que el número de alérgenos o cosas a las que el niño está sensibilizado”. Por ejemplo, hasta hace 20 años, eran muy infrecuentes los pacientes alérgicos a más de un grupo alimentario o a distintos tipos de polen. Ahora, “la tasa es alta”, apunta el experto. Dentro de las alergias alimentarias, también ha aumentado la prevalencia de las graves (anafilaxias) que, según el estudio epidemiológico alergológico de 2014, asciende al 2% de las primeras consultas en alergología. “Antes no llegaba al 1%”.

Se cree que el aumento de alergias en la población se debe a una menor biodiversidad de la microbiota. En palabras de Ojeda, “durante el embarazo y hasta el primer año de vida del niño, el organismo se coloniza por bacterias que vamos a llevar siempre con nosotros. Se adquieren mejores mecanismos de tolerancia inmunológica frente a proteínas alérgicas”. ¿Cómo aumentar la biodiversidad de la microbiota? Las recomendaciones basadas en estudios científicos sugieren que, “en la medida de lo posible, el parto sea por vía vaginal y se ofrezca lactancia materna. Son dos formas de adquirir microbiota materna”. También se aconseja, si fuera viable, no tomar antibióticos durante el embarazo ni el primer año de vida del bebé.

La adolescencia y el asma

En el congreso también se han resaltado las dificultades durante la adolescencia para llevar un buen control del asma, bien porque los afectados se olvidan de la medicación, fuman… La propia afección “les limita sus actividades sociales, les impide participar en determinados juegos y deportes con sus amigos, lo que incluso les llega a estigmatizar”, señala el alergólogo español. Por otro lado,durante esta etapa, “cuesta aceptar cualquier enfermedad crónica. Hay un proceso de rebeldía y negación que les lleva a dejar de tomar la medicación”. De hecho, la adolescencia es un periodo frecuente de desestabilización.

Tal y como expone uno de los participantes en el congreso, Graham Roberts, especialista en alergia pediátrica y medicina respiratoria de la Universidad de Southampton, “hemos observado [en su estudio] que una intervención educativa que incluya rutinas y recordatorios para la administración de la medicación preventiva, así como técnicas de respiración” podrían ayudar a desarrollar un modelo eficaz de autogestión para los adolescentes.

Es importante subrayar, según Ojeda, que en la población infantil, el 80% de las rinitis y casos de asma tienen una causa alérgica que conviene identificar. No basta con tratar los síntomas. Los resultados mejoran mucho si se aborda el origen del problema. En España, por ejemplo, “las causas más frecuentes de las alergias son el polen y los ácaros”. En estos casos, aparte de tratar los síntomas, conviene tener en cuenta una serie de medidas para evitar los alérgenos culpables y recurrir “a las vacunas de alergia, que en la inmensa mayoría de los casos (75%-80%) tienen buena respuesta”.

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